Dos Destinos Entrelazados: La Historia de Intenso y Energian (3)

Capítulo II: Mateo, el Chico que Perdió a su Madre

Mateo tuvo una infancia muy feliz. Su madre Elena era científica y su padre Carlos era profesor. Su casa siempre estaba llena de experimentos interesantes y explicaciones sobre el universo. Mateo creía que el mundo era un lugar maravilloso.

Pero todo cambió el día que cumplió dieciséis años.

Su madre trabajaba en un laboratorio muy importante estudiando energía que venía del espacio. Mateo fue a visitarla para llevarle una tarta de cumpleaños, pero algo salió muy mal. Hubo una explosión enorme de luz extraña, y aunque su madre le empujó para protegerle, ella desapareció para siempre en una especie de agujero negro que soltaba rayos de luz azulada.

Cuando Mateo despertó en el hospital tres días después, era completamente diferente. Ahora podía volar, casi no necesitaba dormir, y nada podía hacerle daño. También descubrió que era capaz de manejar la electricidad y ciertos tipos de energía. Siempre que usaba estos nuevos poderes su cuerpo brillaba con una intensa luz azul. La sensación era maravillosa, pero el precio fue terrible: perdió a su madre.

Mateo se sentía muy culpable. Pensaba que tal vez era culpa suya que hubiera pasado el accidente. Su padre nunca le echó la culpa, pero Mateo podía ver la tristeza en sus ojos. Pasó muchos años intentando dar explicación a lo ocurrido, leyó miles de libros sobre explosiones y reacciones que podrían provocar algo parecido a lo ocurrido aquella terrible noche, pero nunca encontró la solución, ni siquiera la más mínima pista que pudiera explicar lo ocurrido. Empezó a buscar la explicación en fenómenos espaciales y a estudiar las estrellas.

Con los años se hizo experto en química, le encantaban las reacciones extremas, por ello se especializó en explosivos. Era muy bueno en su área y ya antes de terminar la carrera las mejores empresas del mundo querían contratarle. En cuanto se graduó obtuvo un trabajo cómodo en un laboratorio muy famoso donde ganaba bastante dinero.

Pero Mateo tenía otro secreto: le gustaba robar cosas.

No robaba dinero, porque ya tenía bastante con su trabajo. Robaba cosas bonitas o interesantes: cuadros famosos, rocas del espacio, libros antiguos. Sus poderes hacían que fuera imposible atraparle porque podía volar muy rápido y atravesar cualquier sistema de seguridad. Después de estudiar las cosas que robaba, casi siempre las devolvía sin que nadie se enterase.

Pronto empezó a hacer apariciones como un superhéroe. Adoptó el nombre de Energian (en honor a la energía que canalizaba y que era capaz de controlar) y se unió a varios grupos de superhéroes aunque al final los abandonaba porque no encajaban con él de una u otra manera.

Se especializó en el uso de cuchillos y mantenía una nutrida colección en su base secreta. Casi siempre era el arma que usaba en sus apariciones, era como su seña de identidad aunque también tenía cierto talento con fusiles y armas pesadas.

Como superhéroe, Energian era completamente diferente a como era Mateo en la vida normal. Mientras que el científico Mateo era tranquilo y serio, Energian era divertido y aventurero. Le gustaba hablar con los periodistas, hacerse fotos con la gente, y era uno de los superhéroes más famosos del mundo.

Pero tenía un gran problema: cuando se enfadaba o se emocionaba mucho, su cuerpo empezaba a brillar con luz azul y era casi imposible ocultar que era Energian. Esto le había traído problemas varias veces cuando gente que le conocía empezaba a sospechar. Mateo tenía muchos amigos, algunos muy cercanos con los que compartía sus secretos, y por supuesto con su padre, Carlos, con quién seguía manteniendo una estrecha relación y lo apoyaba incondicionalmente en todas sus hazañas. Él sí sabía de su identidad secreta y de mantenía en su casa la base subterranea en la que Mateo guardaba sus artefactos de superhéroe. A él le gustaba hablar de su base a los medios como La Bóveda.

Mateo guardaba en su base todas las cosas bonitas que había "tomado prestadas" a lo largo de los años. Era el único sitio donde podía ser completamente él mismo.

A diferencia de Nicolás que eligió estar solo, Mateo estaba solo sin quererlo. Mucha gente le conocía como Energian, pero nadie sabía realmente cómo era él por dentro. Y en su corazón, todavía era ese chico de dieciséis años que perdió a su madre y nunca dejó de buscarla en las estrellas.

Energian